Wednesday, January 3, 2007

espacio zero

Cerró los ojos con una pesadez que nunca antes había sentido, había llorado por horas, y las fuerzas le habían abandonado hacía tan sólo dos segundos. Pero quizo abrirlos de nuevo, quizo mirarse nuevamente, estaba recostada en la tina del baño, vestida con ese pantalón que sólo usaba en casa, igual que la polera gastada y casi transparente, descalza y no llevaba brasier, con al menos dos noches sin dormir en el cuerpo, sin ducharse, sin siquiera salir del departamento, sin recibir ninguna llamada que la sacara de su trance autocompasivo. Se injectó un anticoagulante conseguido de mala manera hacía bastante tiempo atrás y como antes había avisado a su familia que saldría de vacaciones, de hecho había pensado en tomar vacaciones, pero luego de su crisis no tuvo deseos de ir y se quedó con su soledad. Se cortó las venas del modo apropiado pero en la tina, pensando en que la sangre no dejaría un gran desastre, y se miró los brazos con lástima observando cómo la sangre escurría, sintiendo cómo el frío se volvía cada vez más intenso.

Los minutos pasaban, y la sangre brotaba con un pulso que se iba debilitando, al ritmo que la pena se desvanecía, cerraba los ojos nuevamente para sentir cómo la vida abandonaba su cuerpo, los segundos tomaban forma corpórea, y delicados recuerdos venían a su memoria, pensando en que quizás se podría reunir con sus amigos que ya habían tomado el mismo camino. Recuerdos de ese pasado que tanto odiaba, ahora los traía con el cariño de quien acepta su dolor y lo ama de una forma abstracta, inconsecuente, porque al fin y al cabo, la habían hecho lo que era, un corazón destrozado demasiadas veces, con tantos sueños abandonados, y otros tantos destrozados por otros... esos otros que nunca vieron más allá de sus narices.

Abrió los ojos nuevamente para confirmar que la sangre seguía manando de sus brazos, y casi como la última demostración de cariño hacia sí misma, bebío de su propia sangre, que le fue la última sensación de calidez y pensó en él por última vez, tenía varios nombres, y empezó a temblar de frío antes de que sus últimas lágrimas corrieron por sus mejillas antes de caer en el sueño de la inconciencia.

Eran las 4 am de un día cualquiera, cuando todo terminaba y todo comenzaba nuevamente.



-------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------


Oscuridad absoluta, silencio...

Abrió los ojos despertando de un sueño que no recordaba, el cuerpo pesaba como mil toneladas, giró sobre si misma y miró a su alrededor, un olor a gas inundaba la habitación y el teléfono sonaba. Con dificultad se sentó sobre la cama mientras en su mente venían imágenes de muerte y sangre, angustia y desesperación que revolvieron su estómago, las náuseas fueron tan violentas que tuvo que levantarse apresurada al baño a vomitar, pero sólo un ácido amarillo que parecía destrozarle la garganta era lo único que tenía.

Las convulsiones estomacales seguían, a pesar de que ya no quedaba nada, así que cuando cesaron se quedó sentada en el frío suelo del baño. La vida parecía volver lentamente al cuerpo y miró la hora del reloj en su muñeca, era tarde para lo que fuera. No recordaba nada.

Volvió al cuarto después de un rato, el suelo estaba cubierto de ropa, así que buscó algo que ponerse. Buscó una polera y un pantalón, salió del cuarto buscando algunas pistas de dónde estaba y quién era. Era una casa de cuatro dormitorios, todos vacíos, llenos de objetos, ninguna foto, pero parecía una casa de mujer, dos eran dormitorios, y había un estudio y el otro cuarto parecía bodega. Volvió al cuarto original por zapatos, como eran de su talla, pensó que probablemente era su habitación y decidió salir, pero antes buscó las llaves, si era su casa, deberían de estar por algún lado. En el dormitorio no había nada más que ropa, así que fue al living, donde estaba una pequeña cartera negra, la cuál dio vuelta sobre la mesa. Llaves, una billetera, un celular, un encendedor, una cortapluma y dos monedas cayeron, abrío la billetera y buscó alguna credencial, ahí estaba una con su foto, aquel mismo rostro que vio en el baño, y tenía por nombre Francisca, intentó recordar si le era familiar, pero nada.

Salió de la casa y sacó las llaves para cerrar, el cielo era exageradamente brillante, ninguna nube sobre el cielo, la calle estaba vacía, sólo varias casas pintorescas por ambos lados, así que casi por inercia comenzó a caminar hacia la derecha, observando cada detalle. Mientras caminaba siguió revisando la billetera, lamentablemente no había ninguna agenda, sólo las tarjetas plásticas con el mismo nombre, dinero y algunas tarjetas, luego revisó el celular, habían varios nombres, pero no sabría de qué serviría llamar.

Caminar, era lo único que tenía claro, la idea de que algo pasaría, que quizás era un sueño, que tenía que pensar en qué hacer, e intentar recordar quién era, la idea de que todo comenzaba así le era ridícula, tenía que recordar.

No comments: