Thursday, January 4, 2007

espacio uno

La idea de las señales llenaba su mente, e iba absorta en pensamientos casi incongruentes, con un paso bastante seguro para no tener idea por donde iba, cuando de pronto el celular que llevaba en su bolso comenzó a sonar, su corazón se sobresaltó, el miedo a contestar llenaba su mente, pero sabía que era la única forma de cambiar su estado actual, era una página en blanco que necesitaba ir completando.

- Hola cariño - dijo una voz masculina con una ternura que no le era usual.
- Ehh... hola - respondío con cierto asombro - que bueno escucharte.
- Mira, estoy en mi trabajo, pero salgo en dos horas más, y me gustaría que nos juntáramos... podrías pasar a buscarme...

Miles de ideas cruzaron por su mente, primero que nada, no tenía idea de dónde quedaba su trabajo, ni menos de cómo llegar ahí, no tenía la menor idea de dónde estaba y tampoco de cómo movilizarse... ¿qué hacer?, ¿qué podría decir?... no podía pensar demasiado o notaría él algo extraño... y además no tenía idea de cómo era su apariencia.

- ¿Sabes?, no me siento muy bien, ¿por qué no vienes por mi a la casa?, - fue lo único que se le ocurrió, esperando que él supiera dónde era eso, y que realmente fuera esa su casa.
- Pero hmmm, bueno, pero me demoraré media hora más, paso por tí y vemos cómo te sientes para entonces... te quiero.
- Yo también te quiero, nos vemos entonces. - Nada más frío había sentido, decir esas palabras a un extraño, siguiendo una clase de juego que no se atrevía a romper. No recordaba nada, pero pareciera que fuera su culpa y era de vital importancia que nadie se diera cuenta de lo que le pasaba... ¿Por qué?, creo que ni ella lo sabía, por lo menos para ese entonces.

Tenía dos horas y media al menos, para recorrer el lugar, buscar puntos de referencia, miró su reloj para cronometrarse, 16:30 hrs, y llegaba a una esquina, la calle perpendicular a la que iba, parecía un poco más grande y se veía gente caminando por las acercas, llevaba cinco cuadras, y decidió tomar nuevamente la dirección de la derecha, donde se veían cercanos unos negocios. El primero local comercial era de ropa, y se detuvo frente a las vitrinas, comparando un poco el estilo de lo que había con lo que llevaba puesto, que a pesar de ser bastante diferente, no era tan extraño. ¿Por qué no recordaba nada de ella?, y por qué tenía tan claros otros conceptos, palabras, ideas, eso no lo comprendía, pero temía a que la descubrieran y su lucha sería por adaptarse hasta ver de qué clase de gentes estaba rodeada y tener un dominio de su entorno que le permitiera decidir.

Decidir...

Wednesday, January 3, 2007

espacio zero

Cerró los ojos con una pesadez que nunca antes había sentido, había llorado por horas, y las fuerzas le habían abandonado hacía tan sólo dos segundos. Pero quizo abrirlos de nuevo, quizo mirarse nuevamente, estaba recostada en la tina del baño, vestida con ese pantalón que sólo usaba en casa, igual que la polera gastada y casi transparente, descalza y no llevaba brasier, con al menos dos noches sin dormir en el cuerpo, sin ducharse, sin siquiera salir del departamento, sin recibir ninguna llamada que la sacara de su trance autocompasivo. Se injectó un anticoagulante conseguido de mala manera hacía bastante tiempo atrás y como antes había avisado a su familia que saldría de vacaciones, de hecho había pensado en tomar vacaciones, pero luego de su crisis no tuvo deseos de ir y se quedó con su soledad. Se cortó las venas del modo apropiado pero en la tina, pensando en que la sangre no dejaría un gran desastre, y se miró los brazos con lástima observando cómo la sangre escurría, sintiendo cómo el frío se volvía cada vez más intenso.

Los minutos pasaban, y la sangre brotaba con un pulso que se iba debilitando, al ritmo que la pena se desvanecía, cerraba los ojos nuevamente para sentir cómo la vida abandonaba su cuerpo, los segundos tomaban forma corpórea, y delicados recuerdos venían a su memoria, pensando en que quizás se podría reunir con sus amigos que ya habían tomado el mismo camino. Recuerdos de ese pasado que tanto odiaba, ahora los traía con el cariño de quien acepta su dolor y lo ama de una forma abstracta, inconsecuente, porque al fin y al cabo, la habían hecho lo que era, un corazón destrozado demasiadas veces, con tantos sueños abandonados, y otros tantos destrozados por otros... esos otros que nunca vieron más allá de sus narices.

Abrió los ojos nuevamente para confirmar que la sangre seguía manando de sus brazos, y casi como la última demostración de cariño hacia sí misma, bebío de su propia sangre, que le fue la última sensación de calidez y pensó en él por última vez, tenía varios nombres, y empezó a temblar de frío antes de que sus últimas lágrimas corrieron por sus mejillas antes de caer en el sueño de la inconciencia.

Eran las 4 am de un día cualquiera, cuando todo terminaba y todo comenzaba nuevamente.



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Oscuridad absoluta, silencio...

Abrió los ojos despertando de un sueño que no recordaba, el cuerpo pesaba como mil toneladas, giró sobre si misma y miró a su alrededor, un olor a gas inundaba la habitación y el teléfono sonaba. Con dificultad se sentó sobre la cama mientras en su mente venían imágenes de muerte y sangre, angustia y desesperación que revolvieron su estómago, las náuseas fueron tan violentas que tuvo que levantarse apresurada al baño a vomitar, pero sólo un ácido amarillo que parecía destrozarle la garganta era lo único que tenía.

Las convulsiones estomacales seguían, a pesar de que ya no quedaba nada, así que cuando cesaron se quedó sentada en el frío suelo del baño. La vida parecía volver lentamente al cuerpo y miró la hora del reloj en su muñeca, era tarde para lo que fuera. No recordaba nada.

Volvió al cuarto después de un rato, el suelo estaba cubierto de ropa, así que buscó algo que ponerse. Buscó una polera y un pantalón, salió del cuarto buscando algunas pistas de dónde estaba y quién era. Era una casa de cuatro dormitorios, todos vacíos, llenos de objetos, ninguna foto, pero parecía una casa de mujer, dos eran dormitorios, y había un estudio y el otro cuarto parecía bodega. Volvió al cuarto original por zapatos, como eran de su talla, pensó que probablemente era su habitación y decidió salir, pero antes buscó las llaves, si era su casa, deberían de estar por algún lado. En el dormitorio no había nada más que ropa, así que fue al living, donde estaba una pequeña cartera negra, la cuál dio vuelta sobre la mesa. Llaves, una billetera, un celular, un encendedor, una cortapluma y dos monedas cayeron, abrío la billetera y buscó alguna credencial, ahí estaba una con su foto, aquel mismo rostro que vio en el baño, y tenía por nombre Francisca, intentó recordar si le era familiar, pero nada.

Salió de la casa y sacó las llaves para cerrar, el cielo era exageradamente brillante, ninguna nube sobre el cielo, la calle estaba vacía, sólo varias casas pintorescas por ambos lados, así que casi por inercia comenzó a caminar hacia la derecha, observando cada detalle. Mientras caminaba siguió revisando la billetera, lamentablemente no había ninguna agenda, sólo las tarjetas plásticas con el mismo nombre, dinero y algunas tarjetas, luego revisó el celular, habían varios nombres, pero no sabría de qué serviría llamar.

Caminar, era lo único que tenía claro, la idea de que algo pasaría, que quizás era un sueño, que tenía que pensar en qué hacer, e intentar recordar quién era, la idea de que todo comenzaba así le era ridícula, tenía que recordar.